La mejor forma de contar con la admiración de los demás es siendo humilde, escala para ti y veras la luz.

martes, 28 de mayo de 2013

Inicios en la Pedriza


la pedriza seria nuestro campo de juego por mucho tiempo,  pasamos unos meses escalando vías de artificial sobre todo en el Indio, recuerdo nuestras ascensiones a la Tiziano, la Internacional, la flecha verde etc… durante ese tiempo habíamos estado  recopilando material para escalar, disponíamos de cuerda, una maza que había hecho el padre de uno soldando  un tubo  y un mazacote de hierro, mosquetones de pera también de hierro que robábamos de la obra, y por supuesto clavijas y  tacos de madera que hacíamos nosotros mismos, encordados al pecho y asegurando a la espalda tal y como se hacía en la época, así poco a poco pasamos de escalar con estribos a escalar sin ellos, nuestro bautizo de la escalada en libre sería en  la Sur del Cancho de los Muertos donde por cierto se me rompió el anillo que usaba como braguero para rapelar, mi primer susto, menos mal que estaba a un metro del suelo, “estas cosas se rompen”, bueno no tanto, no se me ha vuelto a romper ninguno mas, a esta la siguieron la Rivas Acuña y la Oeste  del Pájaro, la Fulgencio del Hueso y unas pocas mas hasta que calculo que seria 1976 cuando me propusieron ir a hacer la terrible Ortiz y Basadre del cocodrilo,  un sexto grado de la época,  de los pocos que había entonces y mi primera escalada de esa dificultad, así que acepte la propuesta,  una vez aceptada en ese mismo momento empezó la aventura, por lo menos en mi mente, así que llego el día y después de una gran pateada, debido a que nos perdimos varias veces, por fin llegamos.
A mí me parecía que estábamos en otra parte del mundo, bueno y así era, “era nuestro mundo” , lejos de todo lo cotidiano y normal,  nos plantamos en la base miramos para arriba yyyy…..joderrrr……….en fin vamos a ello, empezó mi compa  el primer largo que le costó lo suyo, pero de una forma o de otra se las apaño para llegar a la reu, en este largo encontramos unos cuantos clavos  que facilitaron la escalada, una vez en la primera reu que por cierto no era muy cómoda y además por efecto visual daba la  sensación de  mucha más altura debido al  bosque pendiente que hay en esa zona y por supuesto a la falta de experiencia,  la sensación era de estar muchísimo  más altos, todavía lo tengo en la memoria; Me tocaba el segundo largo, una chimenea que se veía estrecha pero con ganas, ahí me di cuenta porque era tan famosa,  terrible y deseada, pero empecé a subir con mis botazas,  mi buen puñado de clavos y mi maza, empotrado hasta lo más profundo, en aquel tiempo ir por fuera para mí era impensable, así que acabe con la nariz toda rozada, Imaginaros la estrechez del asunto, no podía ni respirar pero de ahí no me sacaban ni con palanca, ya llegando arriba y totalmente destrozado físicamente, no podía mas y todavía me quedaban los últimos metros, así que se me ocurrió sacar la maza y como era de las que  tenían  pico,  la metía en una fisura y tiraba de ella como si fuese un piolet….era el inicio del dry tooling  jajaja………..pero asi conseguí llegar arriba…y también mi primera escalada de esa dificultad……..a topeeeeee


 

 

El comienzo de la aventura


Toda aventura en esta vida  empieza cuando tu madre y/o la naturaleza deciden que salgas al mundo, a la realidad que nos acompañara el resto de nuestras  vidas,  pero obviando este hecho mi aventura particular empieza en el año 1972, por aquel entonces cuando terminábamos el curso, la dirección del colegio organizaba una excursión, de esas de ida y vuelta en el día y mira por donde que ese año fue a la Pedriza, un sitio totalmente desconocido para mí y creo que para todos los que íbamos en esa ocasión, así que autocar y carretera, con nuestro bocadillo debajo del brazo, no recuerdo muchos detalles ni del viaje ni siquiera del recorrido que hicimos pero hubo un detalle que me  marcaria sin yo saberlo todavía el resto de mi vida y no fue ni más ni menos que cruzarnos con unos escaladores de la época, en un momento de la excursión vi unos hombres vestidos de una forma muy rara, llevaban unos pantalones que se cortaban justo por debajo de la rodilla, unas botas especialmente grandes con unas medias muy gordas y lo que más me llamo la atención, en sus espaldas llevaban un macuto del que en la parte de arriba sobresalía un casco, en ese momento algo se empezó a fraguar  en mi mente, algo que podemos simplificar en

“ yo quiero ser como esos”, ya no me lo quite de la mente en todo el día, bueno ni en todo el día ni en todo el año que estuve esperando a terminar el siguiente curso y ver si hacían otra excursión a la Pedriza, pero como todo en esta vida, llego ese momento y así fue,  otra vez a la pedriza de excursión, yo lo tenía claro yo solo quería ver a los escaladores, la impaciencia me invadía pero tuve mi recompensa con creces, no solo vi a escaladores si no que los vi metiendo un montón de cosas en sus macutos, eran hierros y cacharros que hacían un ruido muy especial llevaban hasta unas maderas con cuerdas que las atravesaban, llevaban un montón de cosas desconocidas para mí y que quería saber que eran y para que servía todo eso, en fin yo solo pensaba en cómo me las  arreglaría  para ser " uno de esos".

Aun tuvo que pasar otro año, cuando cumplí 14 mis padres decidieron que debía de trabajar, para aprender un oficio, eso sí,  no dejaría de estudiar, y una semana después de cumplirlos, ahí estaba yo en una obra de aprendiz de electricista, aquí conocí a una persona y a través de él a una pandilla de amigos con los que un buen día decidimos ir por nuestra cuenta a la pedriza, a pasar la noche y todo, con mantas y un montón de comida en tarteras muy bien preparadas por nuestras madres, con nuestras chirucas nos subíamos por todas las piedras que podíamos, y cada vez arriesgando mas, la experiencia nos gusto tanto que lo de la excursión a la pedriza de fin de semana se convirtió en algo habitual, y poco a poco fuimos conociendo los materiales que hacían falta para escalar, hasta que decidimos comprarnos unos estribos, algo básico para la escalada de entonces, y así conseguimos nuestra primera vía de escalada, 4 o 5 buriles sin chapa en el Tolmete, para mi aquello fue el no va mas, habíamos escalado, a partir de ese momento la escalada ha estado presente en mi vida día a día y poco a poco os iré contando esas cosas que pasan cuando te dedicas a esto con pasión, a día de hoy mantengo la misma ilusión y mi cabeza siempre está llena de cositas que tienen que ver con el subirse por la piedras.


                   Poco a poco me fui pareciendo a "uno de esos"

 

 
 

Con mis botas, medias gordas y mi casco sobresaliendo del macuto